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ÁREAS DE ACTUACIÓN

Derecho Laboral.
Asesoramiento a empresas y profesionales
Derecho Civil.
Comunidades de Propietarios.

EDUCACIÓN

Licenciado en Derecho por la Universidad Abierta de Cataluña
Máster de Práctica Jurídica de la Escuela de Pŕactica Jurídica de la Universidad Complutense de Madrid.
Diploma de Ciberderecho del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid.
Diploma de Aspectos jurídicos de los Títulos cambiarios del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid.

S
er abogado es fascinante, me encanta ser abogado. 

Cómo me hice abogado.

Mi caso es el de una vocación tardía. Llegué a la profesión tras un periplo académico variado. He tenido la suerte de poder estudiar seis idiomas extranjeros (aunque no sería honesto decir que los hablo). Soy una persona extremadamente curiosa, y esa curiosidad fue la que un día me llevó a estudiar derecho y a hacerme abogado.

Como dije, antes de estudiar derecho y ser abogado, he tenido la suerte de poder estudiar muchas materias distintas. Magníficos profesores me han ayudado y he disfrutado enormemente del proceso de aprendizaje, pero entre todo lo que he podido estudiar, de todo lo que he podido aprender, sin duda el derecho es lo que más satisfacción me ha procurado.

Me siento orgulloso de ser abogado.

Porque el Derecho es tan rico en matices, tan extenso, tan poliédrico que por sí solo es capaz de colmar la avidez de la mente más curiosa. Cada aspecto del Derecho, por simple que sea, ha sido analizado con meticulosidad por miles de sentencias; todos los matices importan, cada caso es único. Además, el Derecho es algo vivo que construimos entre todos, todos días. El derecho lo construyen los legisladores, por supuesto, pero no es tampoco menor la contribución del el resto de los sujetos que intervienen en la aplicación del Derecho: jueces, fiscales, abogados y, por supuesto, los ciudadanos que tienen que regir su vida por el derecho. Todo ello hace que nada en Derecho es inmutable; las leyes cambian, las costumbres cambian, y la interpretación de las normas cambia constantemente.

Esto obliga a un constante esfuerzo de actualización al abogado; porque lo que aprendiste ayer, puede quedar obsoleto mañana: una nueva línea jurisprudencial, una interpretación diferente por parte de los jueces o una resolución judicial de una instancia superior, hace que con frecuencia tengamos que desaprender y volver a aprender conceptos que creíamos consolidados. La abogacía no es una profesión que te permita vivir hasta la jubilación de los conocimientos aprendidos durante la carrera. El abogado tiene que estar continuamente actualizando y revisando sus conocimientos, si de verdad quiere ser efectivo para sus clientes.

Qué es para mi ser abogado.

Ser abogado te obliga a ser humilde, pues incluso dentro de la especialidad que más domines te encontrarás que tienes que estar aprendiendo, revisando y actualizando continuamente tus conocimientos. La humildad para aceptar que es necesario seguir aprendiendo todos los días, y el tesón para no dejar de estudiar son imprescindibles para el abogado, son las cualidades básicas que a nivel técnico necesita un abogado para adquirir los conocimientos que le permiten ejercer la abogacía con éxito.

Pero el conocimiento, siendo imprescindible no es suficiente, la profesión de abogado difícilmente se puede imaginar sin un continuo contacto humano. Los abogados desarrollamos nuestro trabajo en constante contacto con otras personas: jueces, fiscales, abogados contrarios, clientes. Al final, detrás siempre hay personas, personas con sus expectativas, sus intereses, sus sueños, sus metas y sus sentimientos.

La abogacía en su dimensión humana.

En su dimensión humana, considero que las virtudes que el abogado debe de atesorar son honestidad y empatía.

La honestidad del abogado.

Es impresccindiblel la honestidad, pues es la que permite al abogado asesorar a su cliente sobre la mejor opción. La honestidad obliga al abogado a no dar siempre la razón a su cliente, a mostrarle las diversas alternativas explicando las ventajas y desventajas objetivas que cada opción tiene.

La empatía del abogado.

Por su parte la empatía también es fundamental para ejercer la profesión de abogado. Cuando una persona en su propio nombre o en representación de una organización recurre a un abogado con frecuencia es para resolver algún problema que no se siente capaz de resolver por sí mismo; el abogado debe ser capaz de leer, incluso adivinar, qué es lo que esa persona está pensando y sintiendo, tiene que ser capaz de dejar de lado su “traje de abogado” y meterse en la piel de su cliente, gracias a grandes dosis de tacto y sensibilidad para comunicase con su cliente; y todo ello sin dejar de ser profesional y sin dejar de lado sus conocimientos técnicos. El abogado debe ser capaz de transmitir confianza no sólo porque tiene conocimientos técnicos sino también porque entiende como siente y piensa su cliente.

El abogado, por encima de sus simpatías o de sus preferencias personales, también debe ser capaz de tratar con el debido respeto tanto a la otra parte, todo ello sin perder de vista los intereses de su cliente. Es esencial que el abogado sea capaz de tender puentes, si es necesario, en lugar de destruirlos, de facilitar las cosas en lugar de ser un obstáculo. Si es necesario, el abogado tiene que tener siempre la capacidad de mostrarse como un aliado o un facilitador en lugar de como un problema añadido.

El respeto al cliente como pilar fundamental de la relación abogado cliente.

Por último decir que como abogado concibo el ejercicio de mi profesión como una integración en los proyectos de los clientes. No creo en el abogado que ve los proyectos o los problemas de su cliente con absoluta indiferencia y que se limita a dar un asesoramiento o a llevar la dirección de un procedimiento judicial o extrajudicial únicamente en base a criterios técnico-jurídicos. En mi opinión, la abogacía sólo es posible entenderla con una implicación máxima en los asuntos que tu cliente te encomienda, sin perder de vista el criterio profesional, por supuesto, pero sin olvidar la dimensión humana de quien te confía sus asuntos como abogado.

Como abogado trabajo en Madrid Abogados, y en Madrid Abogados he trabajado los últimos diez años. Madrid Abogados me ha permitido desarrollar mi carrera profesional pero, para mí lo más importante es la sintonía entre los principios éticos del despacho y los míos propios. En Madrid Abogados se valora la calidad del trabajo por encima de la cantidad, la honestidad y la confianza del cliente por encima del mero beneficio económico. En Madrid Abogados las personas, ya sean nuestros propios clientes, o nuestros abogados siempre son lo más importante.