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En un país, la seguridad social es un sistema preventivo que asegura monetariamente la cobertura de todos sus beneficiarios, que en teoría deberían ser todos los ciudadanos trabajadores. La seguridad social se rige por un sistema de reparto que después de que los pensionistas han aportado al país, estos luego pueden gozar de su esfuerzo a través de diferentes pensiones.

En este sistema existen dos tipos de pensiones, la pensión contributiva que se les da a aquellas personas que ha contribuido al pasar de los años con el sistema; y la pensión no contributiva, la cual permite a un pensionista acceder a una prestación sin haber contribuido al sistema o cotizado previamente.

Sin embargo, estas diferentes pensiones son gestionadas por diferentes órganos legales, las pensiones contributivas son gestionadas por el Ministerio del Empleo y Seguridad Social, mientras que las pensiones no contributivas son gestionadas por Comunidades Autónomas, lo que quiere decir que las solicitudes se deberán presentar en las oficinas de Servicios Sociales de cada comunidad.

¿Qué ciudadanos pueden optar por una pensión no contributiva?

La Seguridad Social española solo concede este tipo de pensiones a aquellos ciudadanos españoles que cumplan con unas determinadas características. En general estos deben: encontrarse en situación de jubilación, invalidez, o en un estado de necesidad crítico.

Asimismo, el ciudadano al optar por la pensión no contributiva por carencia de ingresos no debe disponer de ingresos suficientes, mientras que la persona que opta por este tipo de pensión por el caso de jubilación debe tener más de 65 años y haber vivido por lo menos 10 años en España. Por otro lado, para optar por invalidez, este ciudadano debe tener entre 18 y 65 años y haber vivido en España durante por lo menos cinco años consecutivos.

¿Cómo funciona la financiación de las pensiones?

Cada pensión se nutre de manera de diferente, por lo que no hay injusticias en el sistema dando el dinero de los contribuyentes a aquellos que no ha cotizado a lo largo de su vida. Las pensiones contributivas se nutren directamente de los fondos que obtiene el sistema de Seguridad Nacional, al cual los ciudadanos españoles cotizan cuando trabajan. Por otro lado, las pensiones no contributivas son financiadas por los Presupuestos Generales del Estado, a partir de transferencias crediticias al presupuesto de Seguridad Social.

Diferencias entre la pensión contributiva y pensión no contributiva

A pesar de que ambas son pensiones y cumplen el mismo objetivo de garantizar el bienestar del ciudadano español al momento de la jubilación, también tienen diferencias. Entre estas se destaca que:

La pensión contributiva es para todo aquel que haya trabajado y aportado con cotizaciones al sistema de Seguridad Social, mientras que para la pensión no contributiva se debe cumplir con unos requisitos específicos

La pensión contributiva determina su cuantía según los años cotizados al sistema se la base de cotización, siendo el monto de pensión mínima de 8.426,60 euros (en el 2015). Por otro lado, la pensión contributiva establece su cuantía según sean las rentas personales de cada beneficiario, no pudiendo ser superiores a 5.136,60 euros al año (en el 2015).

La pensión contributiva no suele variar según la condición física del pensionista, mientras que, en el caso de la pensión no contributiva de los inválidos, se exige que el grado de discapacidad de estos sea superior al 75%.

Para la pensión no contributiva por jubilación debes tener unos años específicos en el territorio español, y una edad estimada, mientras que en la pensión contributiva no es necesariamente así.

Beneficios del sistema de reparto

Las cotizaciones en el sistema de Seguridad Nacional garantizan que después de los 65 años, el español podrá recibir una renta que le permita vivir cómodamente lo que le queda de vida.

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