“El abogado, por encima de sus simpatías o de sus preferencias personales, también debe ser capaz de tratar con el debido respeto tanto a la otra parte, todo ello sin perder de vista los intereses de su cliente. Es esencial que el abogado sea capaz de tender puentes, si es necesario, en lugar de destruirlos, de facilitar las cosas en lugar de ser un obstáculo. Si es necesario, el abogado tiene que tener siempre la capacidad de mostrarse como un aliado o un facilitador en lugar de como un problema añadido.”

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