“El abogado, por encima de sus simpatías o de sus preferencias personales, también debe ser capaz de tratar con el debido respeto tanto a la otra parte, todo ello sin perder de vista los intereses de su cliente. Es esencial que el abogado sea capaz de tender puentes, si es necesario, en lugar de destruirlos, de facilitar las cosas en lugar de ser un obstáculo. Si es necesario, el abogado tiene que tener siempre la capacidad de mostrarse como un aliado o un facilitador en lugar de como un problema añadido.”

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“Desde que tengo recuerdos, siempre tuve la intención de ser abogada, mi madre me dice que ya desde niña me encantaba mediar en los conflictos ajenos, que tenía una curiosa habilidad para la argumentación y un inusual sentido de la justicia, así que, llegado el momento, no lo dudé, me matriculé en derecho y finalicé mis estudios en el año 2007. Lógicamente en cuanto acabé mis estudios me colegié y comencé a ejercer como abogada en Vigo, mi ciudad natal.”

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